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La calle cuarta Versión 1.0 PDF Imprimir E-Mail
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sábado, 06 de febrero de 2010

Por Gerardo Aristizabal A.

Este espectacular relato escrito por Don Gerardo Aristizabal nos transporta a las épocas de antaño, aquellas que todos quienes vivimos lejos actualmente, añoramos y de seguro recordaremos al seguir estas líneas inspiradas y llenas de recuerdos.

 
  

Me ronda en la imaginacion un eje que se extiende desde el Puente colgante que permite el paso de a pie sobre el río Pensilvania en la parte mas baja del pueblo y termina en el tanque del que se abastecia de agua el pueblo y que seguramente lo sigue haciendo y las mangas de su alredor en las cuales pastaban hermosos caballos que veíamos ascender por la calle con gran imponencia .

Entre ambos extremos hay recuerdos de infancia que se gravaron en la mente y que el paso del tiempo no ha podido borrar.

Por el camino que conduce al Puente y que viene de la vereda de San José, caminé muchas veces en compañia de mi padre , es mas, fue en ese camino en donde un día me di cuenta que existía en el este mundo .El sendero emerge de un bosque en el cual solo había una casa a la vera del camino , la de la parcela de los Correa. Al pasar el silencio del ambiente se veía interrupido por el trinar de las mirlas , los sinsontes, los cardenales, los barranquillos y tantas otras aves que ya se marcharon a otros lares. A la derecha las aguas transparentes del rio Pensilvania golpeando las rocas de todos los tamaños que encontraban en su camino , se agregaba al canto de las aves un sonido de agua en movimiento y remolinos para completar a veces con el viento una sinfonia que ya pocas veces se nos es dado escuchar.Interrumpian las campanas de la iglesia llamando a los fiele a la oracion de la tarde. Ya llegamos al Puente , al subir recordamos que alli fue en donde el Chapin recibio una herida en la corva (que luego aprendi que se llama el hueco popliteo) que le hirió una de las arterias que casi lo mata.Pasar por el Puente siempre fue en una diversión por la sensación agradable para algunos y muy desagradable para otros especialmente para algunas mujeres que las hacía hasta llorar cuando el balanceo acompasado con el caminar se veía exagerado por los movimientos de los jóvenes traviesos. El paisaje con el río es un paisaje de película, río arriba y río abajo los remolinos de las aguas al chocar con las rocas forman penachos blancos como las nubes o múltiples cascadas de todos los tamaños que dan la sensacion de estar en otro mundo, ya paso el Puente y salgo a un terreno llano tapisado de verde como una cancha de football.A la derecha una edificación que despedía olor poco agradable , la tenería de los Zuluaga y a la izquierda una finca de café muy bien tenida con una casa en el fondo que no se veía, perteneciente a un señor de apellido Cortes a quien no pude ver nunca. Serían unos 100 mts de camino para comenzar el ascenso por un desecho en de zig zag de piso poco firme con muy poco visibilidad que segun mi padre acortaba bastante el camino. Diez o quince vueltas no me acuerdo ,no habia transeuntes pero en esa epoca no conociamos el miedo, se abria de repente en lo que en esa época se llamaba "El Barrio" término colloquial para lo que luego se denominara zona de tolerancia .Cantinas a ambos lados de la calle cerradas a esa hora pero pronto darían paso a los excesos de alcohol y lujuria.Al romperse el telón de la inocencia fueron muchas las cosas que supimos de este sitio. Alli habitaban "las mujeres de la vida licenciosa",las mismas que como recuas eran llevadas al centro de higiene por la policía para su examen periodico y que nos deteniamos a mirar con curiosidad.Alli ocurrían toda clase de riñas y creo que hasta muertos hubo ,porque cuando fue trasladado a la entrada por el camino real supe de varios.

Mas adelante porque no se nos permitia mirar a los lados, la casa de los Perez, los músicos a quienes aun hoy se los reconoce como" los pajuelas "nombre que segun Diego Hoyos les vino por lo que los movimientos del plectro sobre la gitarra evocan en los jóvenes. Al frente la casa de las modistas," las morronas" las llamaban asi seguramente por el tiempo que tardaban en entregar sus trabajos Termina esta cuadra, se voltea media a la derecha y se llega a tienda de Don Carlos Montoya, tienda de abarrotes en donde trabajó uno de mis hermanos los fines de semana y hasta creo que hice algunos turnos.Alli vi por primera vez a mi padre tomarse un aguardiente para evitar el resfrío de una tremenda mojada que se nos dio en un aguacero transitando el desecho.

La cuadra singuiente con cuatro puntos que yo recuerde: "la casa de la mano peluda" que nunca vi habitada, decían que en un rincón del corredor salía una mano peluda que asustaba a los niños, nunca pasamos por esa acera en la noche , nos pasabamos al otro lado con mucho susto.La casa Don Manuel Betancur el de los labios evertidos , el carpintero que nos hacia las rueda de los carros de madera, en diagonal.Al frente de esta, el coso parte de la alcaldía en donde llevaban a los semovientes extraviados o incautados, el edificio de la alcaldía un edificio de aquitectura colonial que despues fue reemplazodo por lo que llaman "El Palacio Municipal"y al frente en las esquina otra casa de estilo colonial que hacia marco en la plaza con la casa de Don Luis Tirado, el mediquillo que se iva al cementerio y señalando las lápidas decía:este lo curé yo,este lo curé yo, este lo curé yo ,aquel el Dr. Arbeláez.. Siguiendo por el costado sur de la plaza las casas de Samuel Salazar, Los Franco y la casa de Joaquin Florez, despues de Misael Aristizabal hoy de sus herederos en donde aun se lee Almacén de Misael Aristizabal.Todas estas casas eran de estilo colonial y formaban un conjunto que si hoy estuviera completo daría mucho que decir de la belleza de la plaza, que el terremoto y el incendio desdibujaron.

Aqui llegamos a la carrera Séptima, de ahí hacia arriba la calle se empina mas y era dificil de subir cuando solo era empedrada, aun hoy pavimentada cuando se asciende parece que alguien lo estuviera halando de atras.

La casa de Don Tulio Ramirez con sus dos pisos , su balcón arrodillado en donde salía a mirar su electorado leyendo el periódico y el Balcón de la Normal eran otro lado del marco de la plaza imponente, cerraba el marco la casa de Lix Mario Zuluaga, tambien de dos pisos y techos y ventanas que marcaban muy bien este angulo de la plaza mayor.

Hacia la derecha la Normal de señoritas que tantos recuerdos nos trae porque alli veíamos desfilar todas la mañanas y al medio dia lo mas hermoso de la mujer pensilvense, las mirábamos hasta que entraran para ver si nos daban "una última".A la izuierda el Hotel Oriente de Dona Maria Hernandez , mama de Gabriel el que vivio mucho tiempo de pantalon corto y que decian que solo se lo alargaria cuando vengara la muerte de su padre. Le seguía otro Hotel con el oratorio al Divino rostro que daba hacia la calle y que siempre lo veíamos con una lampara de aceite de higuerilla encendida. Seguia la casa del Dr. Estrada padre de ilustres hijos de Pensilvania y obstetra de la mayoría de los de mi generacion.Su estilo colonial y sus ventanas merecen conservarse o restaurarse , es la única que queda en esa cuadra.Le seguía la de mi tío y mis tías ,al frente la entrada a la casa de la Hermanas de la Presentación que guardaba cierto misterio por un letrero que decía CLAUSURA, prohibido el paso y al frente la casa de Don Francisco Ramirez, un cacerón inmenso que tenía hasta piscina y que llegaba hasta la esquina en frente de mi casa.Esta esquina da para un libro.

En las noches nos sentábamos a hacernos visitas con las vecinas de la cuadra, a contar cuentos, recitar poesías y hasta cantar porque ya comenzaban los primeros devaneos con el sexo opuesto. Allí caían al centro de la calle los carritos de maderas a los que no les habia funcionado los frenos que consistían en una U de madera pegada a la dirección y los pedazos de llanta que eran los que se aplicaban con el talón al piso.Fue alli en donde una llanta ,que no se porque ,se le escapó a una tía rodó calle abajo y golpeo de muerte a mi primo Alfonso.Lo derribó , se paró y se fue a la casa a decirle a mi tía Sola que una llanta lo había matado. Efectivamente el niño murió en la mañana singuiente. Yo estudiaba medicina y fue mi primer contacto con un paciente con trauma neurológico , el Dr. Jaime Vásques me explicó el signo de Babinsky y los demas signos de lesión cerebral hemisférica . Mas tarde aprendí que el cuadro clínico era el típico de un Hematoma Epidural, imposible de salvar en ese entonces y muy posiblemente tambien hoy porque no se cuenta con el personal y los elementos para cirugía urgente de craneo. En las ciudades un buen número se salvan y de hecho son muchos los que siguen caminando gracias a los procedimientos quirúrgicos. Un poco al lado hacia la carrera vi por primera vez una crisis convulsiva de tipo generalizado, una epilepsia en mi vecino Juan de Jesús Zuluaga, las vi luego repetirse en otros sitios y tambien vi las cicatrices de sus miembros superiores cuando en una de estas crisis cayó inconciente sobre el fogón de su casa y sufrió quemaduras de tercer grado. Tambien se recibián los baños de Doña Lilia, la la vecina del frente tratando de correr los juguetones de los carros de ruedas.

Hasta aqui la carrera 8a, a la inquierda con el numero 8-21 mi casa, de bareque primero con un amplio zaguan que permitía el ingreso de animales , demolida y reconstruida con el estilo general . Al frente la de Lázaro Navarro padre de mi compañero de colegio -

Carlos, luego la de Gonzalo Zuluaga, los Quintero , la casa de Jose Aristizabal padre del escritor Alonso Aristizabal. Al frente los Henao con su fábrica de velas, Don Quirico Quintero,Natalia Quintero madre de Belarmino,los Salazar y Dona Genoveva en la esquina de la carrera novena

Hacia arriba, Henaos , Salazar, al Frente Abrahan Salazar el Fontanero y músico,

Antonio Zuluaga, el que trabajaba en la Federacion de cafeteros y reparaba las máquinas de desceresar café y en la esquina Marco Valencia , el zapatero quien me hizo los zapatos para la Primera Comunión, de lona blancos , abiertos hasta la punta y hechos sobre una medida que se tomaba colocando la planta de los pies sobre un papel tambien blanco con un lápiz y a los cuales el pie tenía que ajustarse y no lo contrario. Estos zapatos había que "dormarlos "de lo que resultaban tamañas peladuras que no permitian su uso mas allá de la ceremonia y de pronto los Domingos para ira a misa y que mi tio Enrique comparaba con" poner los pies en candela".

Camino arriba se llegaba hasta el tanque que surtia de agua la ciudad y en el cual me recuerdo que Marita Gallo cuando en el nueve de Abril dijeron que nos atacarían desde Honda, organizó un grupo para que defendieran este punto como estrategico.Al frente tenían su casa las Patiño conocidas como las Mariapañuelos ,quienes nos llevaban al mercado del sábado deliciosas galocinas .

En este eje trascurrió nuestra infancia y parte de nuestra juventud entre el colegio, el deporte, las retretas en la plaza , los baños en el charco del bosque al medio dia los paseos y la tranquilidad del las noches, interrumpida por las campanas de la Iglesia y en Noviembre cuando Oliverio Ramírez caminaba por las calles a la media noche como alma en pena pidiendo:

Un padre Nuestro y una Ave Maria por las benditas animas del purgatorio. Tilín…tilin…tilin.

 

Arme su propio cuento y agrégueselo a este ,podemos depronto dejar algo para el recuerdo de lo que algun dia podra ser famosa por lo que podamos escribir de

La calle cuarta.

 

Gerardo Aristizabal A.

 
  
Modificado el ( martes, 30 de marzo de 2010 )
 
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